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Podcast para profesores “Te lo digo en serio” – #5 Sobre las redes sociales.

Te invito a escuchar mi podcast para profesores creado con una pizca del humor polaco.

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EPISODIO #4

[transcripción]

EPISODIO #5

Sobre las redes sociales.

EPISODIO #5

¡Hola!

Saludos desde la Polonia otoñal y gris, cosa que de verdad me encanta porque es mi estación favorita. Yo soy Aga de oleedu.pl y este es mi pódcast, Te lo digo en serio, un programa para profes con una pizca de mi humor polaco. 

En el programa de hoy, vamos a hablar sobre las ranas, los donuts (como siempre), y los besos llenos de… grasa. 

Pero bueno, aquí estamos con el episodio número cinco. 

Pues, me gustaría, primero, preguntarte qué tal el primer mes del cole porque como este es el pódcast para los profes, pues me parece que también trabajas en una escuela. La verdad es que yo he planeado un montón de cosas para hacer en septiembre y también estaba super feliz porque mi niño fue a la guardería por primera vez. Por un lado, como profesora, pienso que es un momento muy importante para un niño pequeño para su desarrollo personal. Por otro lado, como madre, me da un poco de pena, porque la verdad es un hecho que me está costando emocionalmente. 😉 Pero claro, resultó que había mucho ruido, pocas nueces, porque pensaba que iba a escribir 80 tesis de doctorado, pero… después de 4 días en la guardería, alguien llamó a la puerta. La abro y veo a una señora que me dice: “Hola soy la desilusión” y me da un zasca justo en la cara sin más mínima explicación, porque, después de 4 días, mi niño se puso enfermo. Así que 4 días en la guardería y luego toda la semana en casa. Luego, 3 días en la guardería y toda la semana en casa. Todos mis planes se fueron a la m… ¡Mercadona! Pero bueno, el niño ya está mucho mejor y yo he podido ponerme a preparar, por ejemplo, este pódcast. 

Vaya por Dios, fin de estas quejas porque hay anécdotas que contar. Aunque en este momento tengo muchas ganas de despotricar sobre todo el mundo y la vida adulta (ahora me gustaría dar las gracias a mi querida amigarmana (acabo de inventar esta palabra de amiga y hermana en una persona) Cristina por haberme enseñado esta palabra. La sobreuso recientemente. 😉

Al grano, Aga, al grano. 

Hoy te voy a contar algo sobre las redes sociales. No sé si has visto el último documental de Netflix que se llama Social Dilema. Pues hoy vengo aquí para meter un palo en el hormigueo, como decimos en Polonia.

Ahora, el acceso a las redes sociales no supone ningún problema. Pero de verdad, ninguno. Todo el mundo puede entrar, seguir u observar, etc. Antes, para saber algo más sobre nuestro crush (Brian de Backstreet Boys, en mi caso, y es algo que ahora no puedo entender), tenías que esperar todo el mes para ir a un quiosco y comprarte una revista y ver si igual ponían algo sobre esa persona. Aún me acuerdo de las revistas que compraba. Una se llamaba Bravo y la otra Popcorn. Y en ese Popcorn, en uno de los números, había un póster muy grande de Backstreet Boys. Fui a comprar la revista y luego volví a casa llena de alegría y sintiéndome como si tuviera el Santo Grial entre mis manos adolescentes (o una caja de los donuts que no engordan y todos para mí). Desgraciadamente, cuando llegué a casa y ya planeaba poner el póster en la puerta de mi habitación, vino mi madre y me mandó a la tienda una vez más (porque, aparentemente, si tienes niños y no tienes ganas de salir de casa, los mandas a ellos y mi madre seguía estas reglas de todos los padres, da igual el país. Son reglas internacionales e interculturales. 😉) Pues, fui a comprarle las… mallas, porque salía de fiesta con mi padre y se le había olvidado comprarlas antes. Como me conozco, pues seguramente puse los ojos en blanco, suspiré de manera muy teatral y me fui. La revista con el póster dentro la dejé sobre el escritorio. Fui corriendo, pensando sobre el póster y la maravillosa cara de Brian de tamaño gigante en mi puerta. Como cuento esta anécdota con tantos detalles, ya puedes intuir que luego pasó algo que me destrozó la vida y acabó siendo una experiencia traumática. Saqué el póster, lo pegué en la puerta y vi que mi Brian, mi Brian que iba a ser mi marido y que iba a admirar conmigo las puestas del sol románticas – tiene una mancha en la cara. Me puse nerviosa porque pensaba que me habían vendido un póster roto. Me acerqué y vi que la mancha tenía forma de… labios. Una mancha grasienta de forma de labios. Ya sabía yo que había pasado: mi abuela nos estaba preparando las tortitas, mi hermana se las comió, luego llegó a la habitación, sacó el póster y le dio un beso a Brian. No te puedes imaginar mi furia y el odio hacia mi propia hermana. Pero a ella ni le gustaba Brian, porque era fan de Nick. Me puse a llorar como una magdalena, mi madre me consolaba, pero no había manera de mejorar mi humor. Ahora, y te lo digo en serio, me he dado cuenta de una cosa, que este pódcast es un poco el diario de mis traumas infantiles y que mi hermana tenía un problema cerebral porque un día besó también la pared en el salón después de haberse comido el chocolate. 😉

Ahora la vida no es así. Primero, mi hermana ya no besa a todos y a todo (eso espero) y, segundo, ahora abres Instagram y puedes stalkear a quien quieras. El problema aparece cuando abrimos este Instagram, Facebook, Pinterest o lo que sea y pasamos ahí horas…

Y de esto habla el último documental de Netflix, donde los ex empleados de estas plataformas más famosas cuentan cómo manipulan y qué hacen para enganchar más a los usuarios. La verdad es que a mí este documental no me impactó tanto, porque ya lo sabía por otras fuentes. Lo que más me hizo gracia fue el hecho de que el mismísimo Netflix propuso algo así, porque ellos también esconden un cadáver en su armario en cuanto a los algoritmos. ¿Por qué la gente acuñó el término binge-watching, es decir, pasar toda la noche viendo una serie? ¿Por qué Netflix lanza todos los capítulos de una serie a la vez? Para que la gente pase más tiempo en la plataforma. Entre ella yo, porque me encantan las series, pero a veces, la Virgen Netflixera me debería dar en la cabeza con un palo, porque lo hago por las noches y mi nutricionista dice que por eso no adelgazo. Porque no duermo lo suficiente. Yo pensaba que, por los donuts, pero bueno, ella es la especialista. 😉

Las redes sociales son adictivas, sin una sombra de duda. Queremos (algunos) estar conectados todo el tiempo (y yo también estoy en la lista, aunque intento controlarme). Pero santa no soy para nada. Una vez, cuando estaba trabajando hasta las tantas, preparando algunas actividades y planeando algunas clases, en un momento noté un olor rarísimo. Entonces pensé que me había visitado el mismo diablo, porque olía a quemado y a azufre, o algo de verdad se estaba quemando en mi casa. Probablemente mi cargador del portátil. Y créeme, porque te lo digo en serio, en aquel momento, la visita del mismísimo diablo fue lo que yo prefería cuando pensé que iba a perder mi portátil y que no iba a poder ver las series porque la batería casi se me agotó. Y claro, siempre se puede ver todo en el móvil, tenemos el acceso a Google Drive, pero yo soy de estas personas que tiene un montón de archivos que, por una razón desconocida o igual más conocida que se llama “la tontería”, no los sube siempre al disco externo a o la nube. Menos mal que al día siguiente logré comprar el cargador. Y, totalmente por casualidad, en aquel momento, leí un artículo muy interesante sobre las redes sociales y algunos efectos psicológicos al respecto. 

Y luego, llegó lo que llegó y la situación pandémica hizo que todo el mundo se trasladara a lo virtual. El impacto fue tremendo. Muchos impulsos, muchos materiales, muchas ideas para las clases online, muchas notificaciones, etc. Pasaron 3 meses y les pregunté a los profes en mi Instagram si les gustaban todas esas propuestas o si se sentían más agobiados. La mayoría me dijo que ya no podían más, que estaban totalmente agobiados por trabajar online. Porque las redes sociales pueden ser una maravilla., pero cada maravilla hay que dosificarla bien. Si escuchas mi pódcast, ya sabes que soy muy fan de los donuts, me gustaría ser un donut o, por lo menos, oler como un donut, bañarme en los donuts, etc. Pero… no los como todos los días. Los como una vez al año durante el jueves lardero porque, primero, tengo tendencia a engordar solamente viendo dulces, segundo, tengo que adelgazar después del embarazo porque mi niño tiene casi tres años y no puedo echarle más  la culpa. 😉 Y claro, tercero, si los comiera todos los días, igual un día los empezaría a odiar (cosa que no quiero). 

¿Y qué pasa con las redes sociales? Los creadores de las plataformas pasan horas inventando muchos trucos para que no queramos salir de su página y, en un momento, queremos estar ahí todo el tiempo para no perder nada. En esta trampa caen tanto los adultos como los adolescentes. Si has escuchado el episodio sobre las neuronas, ya sabes que los adolescentes son más propensos a las adicciones porque su cerebro está en el proceso de madurar y funciona así. Pero nosotros, los adultos, en teoría los tenemos ya madurados y aún así nos toman el pelo. 😉

Y de todo esto salió el término que se llama FOMO (del inglés, Fear of missing out), que aparece hasta en el diccionario de Oxford. A la gente, simplemente, le da miedo perder alguna información nueva. Mira lo que pasa en Facebook. Cada vez que abres su página, ves otra cosa. Alguna novedad que tiene que captar tu atención. Te pones a ver los vídeos de gatitos pequeños y divertidos y luego llevas horas viéndolos porque el tiempo pasa volando. Y Facebook, YouTube u otras plataformas te van a servir más y más cosas por el estilo. FOMO es esta situación cuando no queremos perder nada de lo que pasa en el mundo y es una obsesión. Ay, una estrella del cine hizo X cosa, igual alguien me ha escrito algo, igual un email, quizás en política pasa algo, un compañero del trabajo se ha comprado un Porsche (a ver de dónde ha sacado tanto dinero) y, en el caso de los profesores, alguien ha presentado un método maravilloso gracias al que mis alumnos de una vez dejarán de decir «Soy Polonia y tengo 18 anos.» (Sí, cada profe polaco ha escuchado esta frase por lo menos una vez. 😉) Una locura. Los investigadores polacos de la Universidad de Varsovia de la Facultad de Periodismo, Información y Biología y de Psicología en un grupo de investigación que se llama Ariadna, descubrieron que FOMO en su versión más avanzada toca hasta el 16% de los internautas polacos. Es decir, más o menos 4 millones de los polacos que utilizan Internet. El sexo en este caso o el lugar de vida no tiene nada que ver, pero la edad sí, porque los más afectados tienen de 15 a 24 años. ¿Conclusión? Son nuestros alumnos adolescentes y los de la universidad. De este grupo el 35% admitió que descuidaba sus obligaciones en casa y los 27% las profesionales. 1/5 de las personas con el FOMO elevado dice que, si desconecta, hasta tiene síntomas del tipo el dolor de barriga, nauseas o sudor. ¿Continuamos? Ahora viene lo peor. Hasta el 33% de estas personas dice que tiene una autoestima muy baja y se siente poco útil. Al 29% le gustaría aceptarse y respetarse más. Muy triste.

Pero a parte de FOMO, aparecen otras versiones de este fenómeno como por ejemplo MOMO (Mystery of missing out), que aparece cuando alguien está nervioso porque en las redes sociales no pasa nada. Por ej., María del tercero no ha subido ni una foto y nuestra expareja no ha actualizado su estatus en Facebook. ¿Qué empezamos a pensar? Que vaya, todo el mundo está de fiesta y se lo pasa genial que ni tienen tiempo para subir algo. Y nosotros en casa y no sabemos nada, estamos excluidos de la vida social. Seguramente la del tercero está con mi exnovio/a, todos felices y yo aquí engordando con una caja de donuts. ¿O igual me han bloqueado para que no pueda ver nada? ¿O me han expulsado de sus amistades? (como dice uno de los memes aquí: vivimos en los tiempos en que en vez de empujar a nuestro enemigo en la escalera lo eliminamos de nuestras amistades). ¡Ya sabrán quién soy yo! Se van a enterar. A no, no están juntos porque veo a María desde la ventana y está comprando patatas. 

Otro fenómeno es FOJI (Fear Of Joining In), es decir, miedo a unirse a las redes sociales. A la gente le da miedo publicar algo porque igual a otras personas no les va a gustar y no le va a dar ningún like. Por cierto, es un misterio de Instagram, sobre todo, que la gente ponga el café en el centro de la cama, al lado un ramo de flores, el ordenador y al lado unos cables con las luces de Navidad, ¿no? Para mí, por lo menos es raro, pero yo tengo un niño de casi tres años en casa y no es posible dejar nada al alcance de su mano. Sí, soy poco romántica y más práctica. Es que la vida con mi hermana y la mancha de grasa en la cara de Brian me curó eficazmente del romanticismo. 

Otro fenómeno es JOMO (Joy of missing out) y es algo totalmente diferente. Es algo propio de personas a las que les gusta desconectar. No saber nada de lo que pasa fuera, fuera de su casa o en las redes sociales. Si uno decide pasar el finde en su cama rascándose la barriga, lo hará sin remordimientos de conciencia porque sabe que no va a perder nada. 

Y la última cosa es FOGO – fear of going out, pero no tiene nada que ver con las redes sociales y es un fenómeno causado por la situación pandémica. A algunas personas, simplemente, les da miedo salir de casa y solo pensar en ello provoca ansiedad. Pero sé que las redes sociales pueden hacer lo mismo. 

¿Se puede hacer algo al respecto?

Los investigadores mencionados arriba tienen algunas recomendaciones. ¡Y yo también! Igual puedes pensar: ¿y tú Aga con qué me sales ahora? ¿Eres una profe de ELE o psicóloga, actriz, periodista, bióloga y especialista en las formas y sabores de los donuts en una persona? Pues, la primera y la última cosa sí. Y también paso mucho tiempo en las redes sociales enseñando online y manejando un negocio digital. 

Pues ahora silencio, vienen los consejos:

Primero, desactivar todas las notificaciones o desinstalar las aplicaciones, luego educar. Educarnos a nosotros mismos y a los jóvenes. Los jóvenes tienen que saber que las redes sociales e Internet, en general, no es solamente saber descargar una aplicación y seguir a la gente. Tienen que saber que existe algo que se llama el bienestar digital y que lo que pasa en las redes sociales no siempre es así. No todo es donut lo que reluce en una pastelería. Muchísimos adolescentes están agobiados y adictos a las redes sociales. Los jóvenes no son tontos, ellos buscan una figura del mentor, pero que no sea alguien que les va a decir qué hacer, sino que necesitan un compañero que les guíe. Si les vamos a decir que borren sus cuentas, igual será demasiado 😉, pero les podemos enseñar las ventajas, las desventajas y, sobre todo, los peligros. Si ya pasan tanto tiempo en YouTube, que sepan cómo buscar el contenido de valor y que sepan cómo separar lo real de lo inventado. Para hablar de las redes sociales con ellos o aprender más, te recomiendo ver algunas charlas de TED. Últimamente he visto:

  • Cómo nos manipulan en las redes sociales de Santiago Bilinkis.
  • Una más conmovedora- ¿Cuántos likes es un abrazo? De Francisco Orioli.
  • Cómo detectar perfiles tóxicos en las redes sociales de Eva Collado Durán que me gustó muchísimo. 
  • Y una que me encantó era de Carlos E. Lang, Las redes sociales nos están separando. 

Pero también hay profesores que admiran a otros profes en las redes sociales y se vienen abajo, se sienten agobiados pensando que esta chica echa purpurina e invita a los unicornios a su aula y yo no. Pues es necesario saber que lo que dicha chica nos enseña es solamente un fragmento de su vida. Seguramente, tiene los días más feos, pero, simplemente no habla de esto. ¿Sientes que alguien te agobia? Siléncialo. No tienes que ver todo. Ahora igual me vas a silenciar a mí también, pero asumo este riesgo. 😉 De verdad, hay que seguir a las personas que nos inspiren y no a las que nos agobien porque esto es masoquismo digital y sí, está definición la acabo de crear yo. 😉

En el colegio donde trabajaba, los alumnos podían utilizar sus móviles durante el recreo o con fines educativos en el aula. Pero como los utilizaban todo el tiempo, decidimos tener una cesta pequeña, donde todos dejaban sus móviles y funcionaba muy bien. Así que con ellos hay que hablar, y mucho. Bueno, siempre tenemos un as en la manga, que se llama el chantaje emocional, y les podemos decir que si van a compartir demasiado en Facebook, les va a pasar lo mismo que a la gente de la serie «You». A mí, me daría miedo a su edad. 😉 Además, hay un experimento social, en YouTube, claro, donde un chico se acerca a la gente en un restaurante y dice: «Hola, te llamas X, tienes un perro que se llama Bobi, vives en la ciudad X y estudias esto y esto. Y en tu tiempo libre te gusta hacer esto y esto.» ¿Cómo lo sabe? Porque estas personas se han etiquetado en este restaurante, él las encontró, reventó sus redes sociales y ya sabía mucho. Miedito me da. 

Como sabes, ahora enseño sobre todo online y alguien me puede decir que ahora presento mi opinión y doy consejos, pero yo misma estoy conectada todo el tiempo. Pues sí, pero durante las clases me concentro en la relación con mis alumnos. Muchas veces no utilizo ningunas actividades interactivas o muy pocas. Me interesa más la experiencia y la interacción humana. Los juegos de mesa que creo e imprimo para las clases presenciales, si las tengo, también me sirven para esto, para estar más presentes.

En el primer episodio de este pódcast, hablo sobre la adicción a la distracción causada por las nuevas tecnologías. Por eso, pienso que es muy importante saber desconectar y fijarnos en la atención plena. Mindfulness. Una palabra misteriosa que está de moda, pero como no soy especialista y no sé nada de esto, voy a presentar mi opinión. 😉 Una broma, te diré cómo lo hago yo. A mí me cuesta mucho dejar de pensar. Mi cerebro siempre está en un proceso de crear cosas, procesar, etc. Por eso, las meditaciones guiadas son un gran descubrimiento para mí. Son grabaciones donde alguien me cuenta algo con su voz calmante. Las tengo que seleccionar mucho porque sufro la misofonia, es decir, me molestan muchísimo los ruidos tipo chascar y ronquidos. Pero esto merece un episodio entero. 😉 Pues, he encontrado un libro que se llama «Atentos y tranquilos como una rana». Es un libro de atención para niños. Hay otra versión que se llama «Atención y tranquilidad de una ranita pequeña» y son actividades para los niños de 2 a 4 años. Lo compré porque mi niño ha entrado en una fase diabólica y esperaba encontrar alguna manera de adiestrarlo un poco. Y cuando vi que tenían meditaciones para los padres estresados dije: «80 ejemplares, por favor. Ahora mismo. Os lo digo en serio.» El libro contiene meditaciones de forma de cuentos para niños donde tienen que imaginarse que son unas ranitas quietas que respiran profundamente. 

Y en este libro, encontré estas grabaciones donde la mujer me cuenta lo que tengo que pensar y en qué fijarme. Al principio, pensaba que eran cosas de chamanes y brujerías o timos tipo: «ahora levántate tranquilamente, saca tu tarjeta de crédito, mándame su número, fecha de caducidad y el código CVC de tres cifras.» Primero, me puse a escucharlo «a seco», como decimos aquí. Y digo, vale, ahora seré yo una ranita tranquila. Aunque en mi caso más bien un sapo (por cierto, hay una especie que en polaco se llama el sapo AGA cosa que mi padre nunca dejará de recordarme). Alguien me puede preguntar que por qué una mujer me tiene que decir en qué concentrarme si puedo hacerlo yo sola. Pues, no. No puedo porque empiezo a pensar en otras cosas y ella me dice que no lo haga. Así de simple. Además, si me tumbo, cierro los ojos, me dormiré en 3 segundos. Y con ella en 3 minutos. No, es una broma, pero si, me tranquiliza tanto que tengo ganas de dormirme.  He notado que después de una sesión así estoy mucho más tranquila, relajada y no intento buscar estas distracciones en las redes sociales. Será un poco paradójico, pero hay muchas meditaciones en las redes sociales, pero descárgate una o dos y no entres más. Si no te gusta que la gente te diga qué hacer y cómo respirar, busca una musiquita relajante y ya está. Yo ahora pienso que una sesión corta y relajante para los profes y alumnos, pero realizada habitualmente, de verdad puede ser un alivio en esta locura tecnológica. Con mi niño funciona más o menos porque siempre intenta hablar con la señora y cuando ella dice: Ya estás cansado después de todo el día de juegos y seguramente tienes ganas de dormir. Y él dice: «¡Yo no voy a dormir! Señora, muchas gracias, ¡hasta luego!» Yo no me comporto así.

Otra cosa es poner un límite. En Instagram podemos marcar la opción de limitar el tiempo del uso. Si pasa X tiempo, la aplicación nos va a informar. Pero ya depende de nosotros si salimos o no. Pero… hay una aplicación que me gusta mucho y se llama FOREST. Es gratuita, pero también tiene su versión de pago, aunque en mi opinión no es necesaria. Y es una aplicación que bloquea tu móvil y no puedes abrir nada porque si lo haces, va a morir el árbol que estás plantando. Hay muchas aplicaciones que bloquean el móvil si tenemos que hacer algo y los unicornios digitales nos incitan a no hacerlo.

Las redes sociales no van a desaparecer por muchos documentales que produzca la gente. Nosotros, los adultos y los profesores, tenemos que saber cómo funcionan, tenemos que saber cómo diferenciar la verdad de las noticias falsas (no te imaginas cuántas veces he visto que los profesores comparten noticias falsas del Mundo Today pensando que son verdaderas). Mis alumnos compartían teorías de conspiración, hablaban de los Illuminati y terraplanistas, es decir de la gente que dice que la Tierra es plana. Tenemos que aprender o reaprender cómo ser y estar presentes. Cómo disfrutar del momento y cómo saber desconectar. Porque si nos levantamos y lo primero que hacemos es mirar las redes sociales, igual deberíamos reflexionar sobre esto porque estas noticias pueden tener un gran impacto. Si vemos algo triste o si nos saca de quicio (a mí muchas cosas me sacan de quicio, especialmente por la mañana), igual sería mejor practicar la meditación ranera. 😉 Las redes sociales son muy duales. Yo gracias a las redes he ganado mucho en mi vida. Sobre todo, puedo estar en contacto con mis amigos-familiares de España (porque yo, en el fondo, soy muy gaditana como Lola Flores), pero también he ganado amigas que son virtuales, pero tenemos una relación muy preciosa y cercana. He conocido a un montón de profesores que utilizan mis materiales, intercambiamos nuestras experiencias y opiniones. ¡He mejorado mi español a creces! Escuchando los pódcast y hablando con mis amigos. Además, he salido de mi zona de confort, en la que me encuentro muy confortable, por ejemplo, grabando este pódcast y publicándolo. Me he llevado algunas desilusiones, me he puesto nerviosa muchas veces viendo y leyendo cosas, pero, lo que intento hacer es dosificar la influencia de las redes sociales en mi vida. Quiero darles un buen uso. Una polaca ha creado cosas, con su moño, en su pijama y estas cosas circulan por todo el mundo, es algo totalmente increíble. 

<voz hipnótica> 😉 Y si tú también piensas que soy un ser increíble, comparte este episodio AHORA en tus redes sociales y di que soy una maravilla y que me paguen mucho dinero, para que me pueda comprar una casa en Miami. 😉

No, es una broma, no lo hagas si no tienes ganas de hacerlo. Y no entres por ahí si no has planeado entrar. Dios, los gurús del marketing digital me mandarán a la mi…el con estas ideas. 😉

Pero sé que hay personas que sienten una gran ansiedad por las redes sociales, su autoestima es muy baja, hasta han roto algunas relaciones amorosas y familiares. Por eso, tenemos que utilizar nuestros cerebros y practicar más la atención. 

Vale, ya es hora de acabar. Todas las recomendaciones, títulos de las charlas, aplicaciones, etc. las voy a escribir en la descripción del pódcast para que no tengas que escucharlo ochenta veces o buscar por las redes sociales. Y, te lo digo en serio, muchísimas gracias por haber pasado este tiempo conmigo. El tiempo es una moneda muy valiosa y, tienes que saber, que te estoy muy agradecida por acompañarme en esta aventura podcastera que con cada episodio me gusta más. Y, espero que a ti también. Si buscas materiales atractivos, divertidos, buenos, bonitos y baratos para tus clases de ELE, te invito a mi página web que no utiliza ningunos algoritmos para engancharte. Lo único que te puede atrapar ahí son mis materiales cuquis y tan dulces que a veces hasta te pueden doler los dientes. 😉

Muchísimas gracias una vez más, te he atendido hasta aquí yo – Aga de oleedu.pl y este ha sido mi pódcast, Te lo digo en serio, donde hemos hablado sobre la influencia de las redes sociales. 



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