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Podcast para profesores “Te lo digo en serio” – #1 Los alumnos y los tomates

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Te invito a escuchar mi pódcast para profes creado con una pizca del humor polaco.

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EPISODIO #1

[transcripción]

¡Hola! Saludos desde la Polonia invernal sin un gramo de nieve por el calentamiento global. Yo soy Aga, del blog oleedu.pl, y este es mi pódcast, TE LO DIGO EN SERIO. Un programa para profes con una pizca del humor polaco. Si todavía no sabes quién soy y estás aquí por casualidad, te invito a escuchar el episodio #0, donde me presento y te explico por qué vale la pena ser mi compi virtual. 😉

Pues aquí estamos con el episodio #1, donde vamos a hablar sobre los armarios de Ikea, los alumnos que no estudian, los tomates, mis lágrimas juveniles y la educación. ¿No te ha intrigado esta mezcla? 😃

Hace bastante tiempo, ya noté que tengo un problema. Bueno, tengo muchos, pero este es un poco más serio. El problema es que no me puedo concentrar cuando me pongo a leer un libro. Cosa que no me pasaba cuando era más joven. Claro, no soy ninguna anciana, pero ya tengo mis primaveras pasadas y no soy de la primera frescura, como decía una de mis alumnas, para evitar la expesión una persona que tiene más de 30 años. 😉 Entonces, descubrí la noción – addicted to distration, creada por Bruce Charlton y descrita en su libro bajo el mismo título. Sin lugar a dudas, vivimos en un mundo lleno de los impulsos externos, con un montón de distractores que ya no nos dejan fijarnos en una cosa. ¿A ti no te ha pasado?

Mirar el móvil a cada rato, ver las notificaciones en Instagram porque igual Kim Kardashian ha subido una foto… ¿Y qué pasa si Kim gana 10 millones de dólares en un segundo y yo no me entero de todo esto? 😉 (Ojo, este es un pódcast sin juzgar a los demás, aquí incluso puedes decir que estás enamorado de Justin Bieber más que tus estudiantes 😉). Creo que muchos conocen el problema. 😉 Somos adictos al despiste. Y si lo somos nosotros, los imigrantes digitales, ¿cuál es el grado de la adicción de nuestros alumnos que muchas veces son los nativos digitales, como los ha llamado Mark Prensky?

 Algunos de nuestros estudiantes nacen con un móvil en la mano y esto no lo vamos a cambiar. Uno de los científicos, Jonathan Schooler, dice en su estudio que un cerebro pasa casi una media del  15%-20% pensando en tonterías. Como decimos en Polonia – en las almendras azules. Creo que el mío a veces mucho más. 😉 Claro, el señor no utiliza este vocabulario sino el más decente. 😃

Otra cosa que reina entre los alumnos es la procrastinación, aunque aquí también se incluye una servidora. Si un día voy al infierno (ojalá no 😉), mi lugar estará en una caldera con la inscripción “Los procratsinadores”, o sea, los que dejan todo para el último momento. Si fuera la protagonista de una telenovela, se llamaría Aga La procrastinadora. Y si tuviera que escribir un libro de consejos, sería 100 maneras de procrastinar, sobrevivir y no perder el trabajo.

Yo lo hacía muchísimo cuando era adolescente. Todavía recuerdo una de mis ideas estupendas de estudiar todo el material para un examen de la historia de Polonia – ¡atención, atención! – un día antes. ¿Un día, he dicho? ¡Una tarde! Un montón de fechas, reyes, políticos, causas y consecuencias, guerras y batallas. No sé qué pensaba yo en aquella época. ¿Qué era Dooggie Howser? ¿Un médico precoz? ¡Ojalá! Por cierto, ¿te acuerdas de esa serie sobre un niño prodigio? Pues, en mi caso, yo siempre acababa llorando como una magdalena y pidiéndole a mi madre que me dejara no ir al cole pero, en esas situaciones, ella no tenía ninguna piedad y me preguntaba: ¿Y cuándo la profe anunció el examen? ¿Hoy? Y mientras tanto, Doogie, a mi edad, hacía una operación a corazón abierto. ¡Porque seguramente empezó a estudiar con antelación!

Y todo esto me pasaba tanto a mí, como a mis estudiantes, que me contaron sus propias historietas conmovedoras, que tocaban mi corazón, sobre los padres horribles que les mandaban a las escuelas sin estar ellos preparados. Y yo les entendía  mejor que nadie. 😉

Por eso, es tan importante ayudar a los alumnos a planificar su trabajo y enseñarles algunas estrategias de aprendizaje. Muchos de mis alumnos jóvenes no conocían ni una mnemotécnica y no planeaban nada. Y no era porque eran perezosos como yo durante las vacaciones (bueno, algunos seguramente, sí). Ellos simplemente no sabían cómo hacerlo. Y por eso procrastinaban yendo directamente a visitarme en mi caldera infernal. 😉

Por esta razón, durante mis clases de tutoría, una vez al mes les enseñaba cómo hacerlo bien, cómo aprender más cosas y de qué manera organizarse mejor. No soy ninguna experta en el tema, pero conozco algunos truquillos y herramientas que me ahorran 10 litros de lágrimas cada día. Cuando hace 2 años fui a pasar uno de los exámenes más exigentes que tienen que aprobar los profes polacos para recibir el ascenso (de esto creo que haré otro episodio), tuve que presentar mis logros, mis ideas, mi desarrollo y hablar con un… jurado como si fuera un talent show.

😃 Entonces, una mujer muy severa y enfadada del Departamento de la Educación me preguntó: ¿Y cómo le ayudaría a los estudiantes a aprender? El gobierno intenta introducir estas clases sobre aprender a aprender. ¿Cómo lo haría Usted?  Y, en aquel entonces, mi rostro empezó a brillar como una luna llena y le presenté la técnica de pomodoro. ¿Y qué pasó luego? Su cara empezó a brillar de la misma manera que la mía, todos empezaron a aplaudir, empezaron a echar purpurina de alegría y gané el primer premio en el concurso. No, es una broma, pero aprobé el examen y a la señora le gustó muchísimo la idea.

Algunos profes dicen que no les importa, que sus alumnos tienen que aprender y ya está. Como decía mi padre: <<no es mi circo y no son mis monos>>. 😉 Pues a estos profes hay que decirles bien claro que sí Es su circo y sus alumnos. Y muchas veces será el o la profe  la persona que les puede ayudar y enseñar algunas herramientas, porque los adultos que les rodean quizás no saben cómo hacerlo porque a ellos tampoco les habían enseñado esto en la escuela. O puede que les dé totalmente igual y será el profe el que desempeñará un papel muy importante subiendo la motivación y autoestima de un niño o un adolescente.

Ahora imagínate esta situación: quieres comprarte un armario y vas a visitar Ikea. Le pides al señor o a la señora un armario bonito y te dan todos los elementos por separado, pero sin ninguna instrucción. Los miras y preguntas “¿por qué?”. Y entonces te dicen que no hay y ya está. Que no es su circo y tu armario no es su mono. Has ido al cole, sabes leer, tienes Internet, tienes amigos, mujer, marido, padres, niños, perros, gatos y peces, pues ellos te pueden ayudar.

Y aquí habrá tres opciones:

1.   vuelves a casa estilo Mónica Naranjo , es decir, llorando en un taxi no importa la dirección. Dejas todos los elementos en el suelo y dices que un día lo vas a hacer. Mientras tanto, toda la ropa la dejas encima de este armario al granel 😉 y sigues así muchos años. Un día, ni te acuerdas de tener cualquier armario debajo de esta pila de cosas.

2.   Dices: ¡Manos a la obra! Buscas ideas en Internet, lees manuales, ves tutoriales en YouTube e igual un día, después de unos días, meses, semanas o años tienes tu armario y estás muy orgulloso de ti mismo. Mucho esfurzo, pero también un resultado espectacular.

3.   Le pides ayuda a alguien, buscas a un experto o le intentas sobornar al señor de Ikea, para que te monte el maldito armario ese.

Y así son nuestros alumnos. Si no entienden una parte de lo que les enseñamos o no saben planear bien lo que tienen que aprender, probablemente, no lo harán nunca (la mayoría). Algunos te pedirán ayuda, otros les pedirán ayuda a sus padres o tendrán clases privadas adicionales, como pasa en muchos países. Unos copiarán los deberes de Internet sin entender lo que hacen y unos cuantos se esforzarán por su cuenta propia. Ojalá tengas los alumnos muy motivados, porque a los míos les costaba mucho aprender cualquier cosa.

Por eso, en este pódcast, de vez en cuando te voy a enseñar algunas ideas que puedes compartir con tus alumnos y facilitarles la vida. Y a ti también, porque te vas a ahorrar muchos nervios. 😉

Pero bueno, Aga, querida, al grano. Hoy vamos a hablar sobre los tomates. 😉 Más concretamente, sobre la técnica Pomodoro creada por un estudiante italiano, Francesco Cirillo a finales de los años 80, que intentaba aprender algo para un examen. El chico tenía un reloj típico de cocina que tenía la forma de tomate, por eso el nombre. Y así nació este método de gestión del tiempo que es más simple  que… hasta no sé qué. 😉

¿En qué consiste? Simplemente en dividir el tiempo que tenemos para realizar una tarea en intérvalos de 25 minutos, que llamamos pomodoros, separados por pausas de 5 minutos. Pero estos 25 minutos es un momento de la máxima concentración. No vas a hacer pipí, no comes, no le contestas nada a nadie, no hablas con nadie, no juegas, no persigues a Kim Kardashian, nada. Solamente te concentras en una tarea. Luego tienes 5 minutos de pausa y así 4 veces. Después de 4 pomodoros, haces una pausa larga de 30 minutos. Algunos dicen que es un método poco flexible y mata la creatividad, pero yo, muchas veces, si no utilizara mi pomodoro app, pasaría el día viendo Netflix y buscando la suerte por la casa y no haría ningún material chulo. La técnica de pomodoro puede ser más flexible y si 25 minutos es demasiado para alguien, los alumnos pueden empezar con 15 minutos y luego prolongar el tiempo. Sin embargo, no es aconsejable trabajar más de 25 minutos concentrados sin una pausa corta porque el cerebro no estará muy contento, cosa que confirma uno de los piscólogos de la Universidad de Ilinois, Alejandro Llares.

El profesor Llares explica que las pausas cortas le ayudan muchísimo al cerebro y, gracias a estas pausas, estamos más motivados y concentrados. Los autores del libro The Distracted Mind: Ancient Brains in a High-Tech World el doctor Adam Gazzaley (neurocientífico) y el doctor Larry Rosen (psicólogo) dicen que las sesiones cortas de trabajo y luego una pausa, que es cierto tipo de premio cuando podemos, por ejemplo, echar un vistazo a Facebook, nos motivan más a completar la tarea. El cerebro sabe que pronto recibirá algo a cambio. 😉

Además, la técnica Pomodoro combate la famosa ley de Parkinson. El señor Parkinson publicó su teoría en la revista The Economist en el año 1955. Parkinson investigó la productividad de los funcionarios administrativos. Y resulta que si alguien tiene 2 horas para hacer una tarea, la hará en 2 horas. Si tiene 4 horas, la completará en 4 horas. Si tiene todo el día o toda la semana, aunque nos parece una generosidad maravillosa, probablemente… le faltará tiempo porque empezará demasiado tarde. ¿Te suena a algo? Ya sabes en qué caldera me van a encontrar todas estas personas. 😉 Por eso, la técnica que te estoy presentando es tan útil.

Si los alumnos van a seguir este método, un día, cuando ganen más experiencia, ya sabrán cuántos pomodoros necesitan para realizar los deberes, cuántos para leer algo o aprender. Y así desarrollamos la autonomía y la responsabilidad de los estudiantes porque, primero, tienen que elaborar una lista de lo que tienen que hacer, planear el trabajo, observar el proceso y el progreso, pero también sacar algunas conclusiones para poder introducir cambios, si son necesarios. Yo, por ejemplo, planeo así la limpieza en casa, porque es algo que odio hacer. 😉

¿Si funciona? Seguramente no será un método ideal para todos los alumnos.  Los míos me dijeron que por primera vez aprendieron el material para un examen de biología tan rápido y sin perder el tiempo mirando por la ventana. No es ninguna magia. Son intervalos de tiempo más llevaderos cuando nuestro cerebro dice que OK, te dejará estudiar y no te hará pensar en unicornios. 😉

Para empezar con este método, necesitamos solamente un reloj de cocina o una aplicación con alarma. Hay un montón de apps tanto para iOS como para Android y casi no hay diferencias entre ellas. Pero para no tocar el móvil, siempre  se puede usar un reloj de cocina que nos avise a tiempo que ya es hora de echar un vistazo a la cuenta de Kim. 😉

El método tomatino puede ser un pelín incómodo porque tenemos que trabajar con hábitos que muchas veces son incómodos y no el método. Si nuestros alumnos (o nosotros 😉) van a esperar la iluminación del Espíritu Santo, la llegada de la inspiración con la cabalgata de los Reyes Magos o no sé sabe qué más – lágrimas más que garantizadas y  el señor Parkinson echará a reír a carcajadas con una gran satisfacción. 😉

Bueno, ya iremos acabando este primer capítulo. Muchas gracias por haber pasado este tiempo conmigo y TE LO DIGO EN SERIO.

Espero que te haya gustado lo que te he presentado hoy. Si te funciona este método, lo planeas utilizar o te gustaría compartir algo con respecto con otros profes, visita mi Facebook Olé Edu o mi Instagram @ole_edu o mi página y déjame un comentario, te estaré muy agradecida. ❤

Muchas gracias, te he atendido hasta aquí yo – Aga de oleedu.pl – y este ha sido mi pódcast, Te lo digo en serio.

¡Chau, adiós!

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